Emilio, sé que no eres muy amigo de las despedidas y que no estamos
poniéndotelo nada fácil con tanta celebración, agasajos, etc., por eso no me
despediré de ti.
Sin embargo sí que es un buen momento para agradecerte el
apoyo, las oportunidades y la ayuda que siempre me has prestado, recordar con
agrado todo lo que hemos compartido y decirte que he aprendido muchísimo de ti,
me has enseñado lo que significa el compromiso, la constancia, el optimismo
ante la vida, la sinceridad, que los resultados suelen venir por el camino más
difícil y que hay una causa común para explicar parte de casi todo, “la caló”.
Me alegró mucho poderte dar un abrazo el otro día y decirte
que, cuando consigas desconectar (te costará pero lo conseguirás), podrás
disfrutar de las muchas aficiones e inquietudes que afortunadamente siempre has
tenido, la historia, la música, la mecánica, las motos, el campo, la lectura,
los libros antiguos, etc. Tienes una maravillosa mujer que merece más tiempo en
tu compañía y tú en la de ella.
Cuando vengáis por Valencia ya sabéis dónde tenéis vuestra
casa.